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En un mundo que se calienta cada vez más, los bosques urbanos ayudarán a salvar miles de vidas

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Introdujeron todos esos datos en un algoritmo que modelizaba escenarios en los que la modificación del entorno urbano, con superficies más reflectantes y más árboles, conseguiría disminuir las temperaturas y evitaría esas visitas a urgencias relacionadas con el calor. Con un 25% más de cobertura de árboles, las visitas descenderían entre un 7 y un 45%. Aumentando la cobertura hasta el 50%, las visitas se reducirían entre un 19 y un 58%. Y si Los Ángeles alcanzara el máximo de cobertura de árboles permitida, un 40% de su superficie total, las visitas bajarían entre un 24 y un 66%.

“Somos capaces de cuantificar cómo habrían sido de distintos los resultados en sucesos reales”, comenta De Guzman. “Sé que las proyecciones apuntan a un mayor número de días de calor extremo en cada una de estas comunidades”.

Dicho de otro modo: el momento de actuar es ahora. Los árboles altos dan sombra, por un lado, pero las plantas en general liberan vapor de agua al realizar la fotosíntesis, básicamente “sudando”. En consecuencia, un vecindario de ingresos altos con muchos parques y zonas verdes quizá esté ocho grados centígrados más fresco que una zona de bajos ingresos y más industrializada; como tantas otras amenazas para la salud, el calor afecta de manera desproporcionada a los más desfavorecidos. El efecto isla de calor varía no solo de un vecindario a otro, sino también de una manzana a otra e incluso de una casa a otra. Los distintos materiales de construcción, como la madera y el ladrillo, absorben y retienen la energía del sol de distintas maneras.

Por tanto, la utilidad de este tipo de investigación consiste, en primer lugar, en encontrar vecindarios enteros a los que dar prioridad para su reverdecimiento, pero también en seleccionar lugares concretos para colocar árboles individuales. “En las zonas urbanas no plantamos necesariamente bosques enteros, sino árboles individuales cada vez”, indica Vivek Shandas, científico de adaptación climática de la Universidad Estatal de Portland, quien estudia el efecto isla de calor pero no participó en la nueva investigación. “Si dispones de una cantidad limitada de fondos, y sabes dónde tendrá mayor impacto su implementación, es una obviedad identificar esos lugares”.

Pero no es tan sencillo como plantar un puñado de árboles y ya. Los Ángeles se embarcó en el proyecto multianual llamado “Urban Forest Management Plan” (que se traduciría al español como “Plan de Gestión de los Bosques Urbanos”) para aumentar su cobertura de árboles, sobre todo en los vecindarios más vulnerables. Así, tiene que determinar cuidadosamente los lugares donde añadir las plantas, pero también colaborar con los residentes de esos lugares, por ejemplo, mediante reuniones para recabar la opinión de la comunidad. Es posible que algunas personas no quieran árboles fuera de su casa, ya sea porque quizá una rama cayó una vez sobre su auto, o tal vez su acera se agrietó por las raíces que había debajo, afectando la movilidad de un abuelo en silla de ruedas.

Así que conseguir más árboles en el paisaje urbano también tiene que ver con la colaboración y la educación, haciendo que la gente comprenda las ventajas significativas del enfriamiento que bien podrían salvarles la vida y, como mínimo, reducir sus facturas de aire acondicionado. “Si tienes una experiencia negativa con los árboles, tenemos que impartir formación sobre cómo vamos a hacerlo mejor en el futuro”, menciona Rachel Malarich, responsable de los bosques de la ciudad de Los Ángeles. “Lo que hemos aprendido como industria es a ser más selectivos sobre lo que plantamos en cada sitio, y hacerlo adecuado al lugar, o cambiarlo para colocar algo más grande”. Por ejemplo, si un determinado terreno es muy pequeño para que quepa una especie de árbol lo bastante grande como para proporcionar una buena sombra, tal vez la ciudad podría modificar las aceras para acomodarlo, mejorando así la movilidad y reduciendo al mismo tiempo las temperaturas locales.


altas temperaturas

Las altas temperaturas se mantendrán a nivel global. Existe un 66% de probabilidades de que 2024 sea el año más caluroso registrado hasta ahora.


La ardua tarea de reverdecer las ciudades

En Los Ángeles y otros lugares, los científicos se apresuran a encontrar especies de árboles capaces de soportar temperaturas dentro de 10, 15 o 20 años: no querrás plantar un árbol para descubrir que no sobrevivirá en el nuevo clima. El cambio climático también contribuye a la propagación de plagas y enfermedades de los árboles, añadiendo aún más incertidumbre a la vegetación urbana: Una comunidad determinada quizá esté dispuesta a plantar más especies de árboles típicas de su vecindario, como magnolias u otra variedad, pero tal vez no logren resistir la hostilidad del clima futuro.

Un árbol también necesita más mantenimiento y agua en sus vulnerables primeros años, un recurso que posiblemente escasee cada vez más a medida que se calienta el sur de California. Así que, además de incrementar su cubierta de árboles, Los Ángeles está intentando hacerse más esponjosa: muchos más espacios verdes en general que permitan que el agua de lluvia empape el manto acuífero subterráneo o las cisternas para su posterior extracción. En febrero, esta infraestructura esponjosa ayudó a la ciudad a captar unos 32,500 millones de litros de agua de lluvia en solo tres días.

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